Todos los seres humanos somos tentados día a día. Minuto a minuto Satanás está buscando desesperadamente nuevas estrategias para hacernos caer en tentación. Debemos estar armados en contra de esos ataques del enemigo, aunque ningún ser humano tiene la capacidad para resistir por sí solo y con sus propios medios la tentación de Satanás. Solo Jesús ha logrado resistir a Satanás, su naturaleza divina lo equipó para responder a la tentación exitosamente, de la manera que Dios esperaba que lo hiciera. En Mateo 4:1-11 vemos a Jesús siendo llevado al desierto por el Espíritu Santo para ser tentado y vemos como Satanás encuentra el momento de mayor vulnerabilidad para lanzar su ataque. En tres ocasiones arremete contundentemente, pero Jesús, controlando la situación, hace evidente que Jesús no cometió pecado y que es el Hijo de Dios, digno de ser el Salvador de la humanidad y habilitado para entender nuestras luchas de cada día y nuestras debilidades.

La comunión con el Padre

Jesús estaba en comunión con Dios. Había estado buscando un lugar espiritual de mayor conexión con el Padre: “después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches” y a cada una de las intervenciones de Satanás, Jesús respondió sin agregar ni quitar nada al mensaje original.

La tentación en el desierto

Ya hemos visto que la tentación de Jesús en el desierto fue algo que Dios permitió. El diablo pensando que iba a salir victorioso, ni corto ni perezoso, arremetió contra el Hijo de Dios. Jesús, siempre astuto y siempre conocedor de la Palabra de Dios, decidió  responder con paciencia pero con firmeza. Citó la Palabra de Dios en Deuteronomio 8:3, Deuteronomio 6:16 y Deuteronomio 6:13 con precisión y exactitud. Satanás se da cuenta que está perdido, que no tiene mucho chance de vencer a Jesús con ofrecimientos si valor celestial y ante la orden de Jesús: “Vete, Satanás”, él no tiene más opción que irse tal como lo relata Mateo 4:11 “el diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían [a Jesús]”.

Las tres tentaciones a Jesús en el desierto

  1. Encontramos en Mateo 4:3 la primera tentación a Jesús en el desierto cuando Satanás se le acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Satanás sabía que Jesús tenía hambre en ese momento y quiso llegarle a Jesús con lo que en ese momento podría ser su debilidad. Nótese el ataque de Satanás a la identidad espiritual: “si eres Hijo de Dios”. Jesús estaba seguro de su identidad en el Padre. Sabemos por el profeta Isaías (28:16) que Jesús es la roca “probada, angular, preciosa, de cimiento estable” y como si fuera poco, Juan (6:35) nos dice que Jesús es “el pan de vida”.
    Así como lo hizo con Jesús, Satanás nos va a tentar: (1) cuestionando nuestra identidad espiritual, y (2) conociendo y usando nuestras debilidades. Recuerda que en tu debilidad se perfecciona el poder de Dios, 2 Corintios 12:9.
    La respuesta de Jesús a esta tentación la encontramos en Mateo 4:4. Jesús respondió citando Deuteronomio 8:3 “no sólo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de Jehová”.
  1. La segunda tentación de Satanás a Jesús en el desierto la encontramos en Mateo 4:6. Satanás lleva a Jesús al pináculo del templo en la santa ciudad y retoma su estrategia: “Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti y en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra”. Satanás insiste en querer confundir y, citando el Salmo 91:11-12 sin exactitud, usa una verdad para crear una mentira. Jesús, con autoridad y poder, corta a Satanás de inmediato y citando la palabra de Dios sin omitir detalle le recuerda que no debe tentar al Señor.
    Nuevamente vemos a Satanás confundiendo y cuestionando la doctrina de la divinidad de Jesús, esta es una estrategia que aún hoy en día él sigue usando. El diablo trata de confundir a los creyentes sobre su identidad en Cristo y sobre si Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios. Tu mejor reacción debe ser seguir el ejemplo de Jesús y cortar de inmediato a Satanás. Lo vemos en Mateo 4:7, en respuesta Jesús cita Deuteronomio 6:16 con exactitud y sin omitir detalle: “No tentaréis a Jehová vuestro Dios”.
  1. La tercera tentación está en los versículos 8 y 9 de Mateo 4: “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares”. Nuevamente la tentación se desarrolla en un lugar algo, característica típica de los lugares de poder. Satanás ofreció lo que le pertenece, él es “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31), pero de las tres, esta es la tentación con menor probabilidad de éxito. Jesucristo nunca adorará a Satanás y mucho menos a cambio de poder y tesoros en la tierra. Este ataque, como se diría en el argot popular, solo fueron patadas de ahogado. Un ataque si poder, sin contundencia, sin estrategia, un ataque sin ninguna esperanza de éxito ante Jesús.
    En Mateo 4:10, vemos la respuesta de Jesús, quien ejerce su autoridad espiritual echando fuera a Satanás y cita Deuteronomio 6:13 para dejar claro que solo a Dios debemos adorar y servir.
    En este punto, Satanás ya debía saber que no iba a lograr absolutamente nada y así fue, no logró nada y tras la orden de Jesús, Satanás abandonó el lugar en retirada de derrota. Esa derrota duele y hiere el ego de Satanás y es por eso que sus ataques continúan hacia nosotros. Con mentiras nos ofrece desbordados lugares de poder porque conoce nuestras debilidades. Cómo cristianos, no debemos olvidar dos puntos muy importantes al respecto: (1) debemos acumular nuestros tesoros en el cielo y no en la tierra, y (2) solamente debemos adorar a Dios y a nada ni nadie más.

Las tres respuestas de Jesús fueron claras, contundentes, cortantes e idénticas citas de la Palabra de Dios. El patrón de respuestas de Jesús nos equipa para hacer frente a Satanás de manera victoriosa. Debemos nutrirnos solo de la Palabra de Dios, confiar en Él, ejercer autoridad espiritual, adorar y servirle solo a Dios, sabiendo que nuestros tesoros los acumulamos en el cielo.

No se trata de solamente leer la Palabra de Dios. Se trata de conocerla, memorizarla, analizarla y aplicarla en todo momento. La enseñanza de Jesús en Mateo 4:1-11 es clara y nos lleva a concluir con una aplicación personal:

  • Lo más importante no es el pan como alimento físico (representando las tentaciones de la carne) sino la palabra de Dios. Lo que me debo preguntar si quiero resistir la tentación es ¿Qué debo dejar? ¿Qué debo sacrificar? ¿Qué es eso que me distrae de enfocarme más en la Palabra de Dios?
  • No conocemos al detalle los planes de Dios y no queremos que nuestro libre albedrío termine cambiando esos planes, que de entrada, ya sabemos que son de bienestar y no de calamidad. Debemos tener confianza en Dios y saber no es necesario “lanzarme a un abismo” para experimentar sus brazos salvándome en el aire ¡Él ya nos salvó! En el aire nos rescató del abismo del pecado que nos llevaba directo a la muerte eterna.
  • Solo experimentaremos nuestra autoridad sobre Satanás cuando ejerzamos la autoridad espiritual que Dios nos ha dado “para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” Marcos 3:15.
  • Como lo dice Deuteronomio 6:13 “A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás”. Tenemos que entender que Dios no comparte su Gloria con nadie (Isaías 42:8) y que el temor de Dios es el principio de la sabiduría (Proverbios 1:7), por lo tanto, debemos esforzarnos por mantener el temor de Dios y solo servirle a Él.
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