Juan 14:6

“Jesús le contestó: —Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí”

Este versículo es una poderosa afirmación de Jesús, donde revela su identidad y su papel en la vida de aquellos que lo siguen. Al seguir a Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida, experimentamos una vida de integridad que no implica perfección, pues es algo imposible en nuestra naturaleza pecaminosa. La integridad que experimentamos al seguir a Cristo se manifiesta, entre otras, de las siguientes maneras:

  1. Seguir a Jesús como el camino nos guía hacia una vida de integridad moral. Jesús es el modelo perfecto de rectitud y nos enseña a vivir de acuerdo con los principios divinos. Sus enseñanzas y su ejemplo nos llevan a actuar con amor, compasión y justicia en nuestras interacciones con los demás. Al seguir su camino, desarrollamos un deseo por cultivar una vida de integridad en nuestros pensamientos, palabras y acciones.
  2. Jesús como la verdad nos libera de las mentiras y engaños del mundo. En un mundo lleno de falsedades y medias verdades, Jesús nos muestra la verdad absoluta de Dios. Al seguir sus enseñanzas y su palabra, encontramos un fundamento sólido en el cual basar nuestras creencias y decisiones. Vivir en la verdad nos permite ser personas honestas y genuinas, que valoran la transparencia y la sinceridad en todas las áreas de la vida.
  3. Jesús como la vida nos ofrece una existencia plena y abundante. Él es la fuente de vida eterna y nos invita a vivir en comunión con Dios. Al seguir a Jesús, experimentamos una transformación interior que nos capacita para vivir una vida de propósito y significado. Nos alejamos de la búsqueda vacía de placeres temporales y encontramos una satisfacción duradera en una relación íntima con nuestro Creador. Vivir en la vida que Jesús ofrece implica una entrega total y nos permite experimentar una verdadera integridad en todos los aspectos de nuestra existencia.
  4. Seguir a Jesús como el camino, la verdad y la vida nos lleva a tomar decisiones coherentes con nuestros valores y convicciones. El mundo actual está lleno de presiones y tentaciones, la integridad se pone a prueba constantemente. Sin embargo, al confiar en Jesús y seguir sus enseñanzas, tendremos mayor capacidad de resistir las tentaciones y mantenernos firmes en nuestras convicciones morales. Vivir una vida de integridad implica tomar decisiones difíciles a veces, pero sabemos que al seguir a Jesús estamos eligiendo el camino correcto, sin importar las circunstancias.
  5. Seguir a Jesús nos permite vivir en armonía con nosotros mismos y con los demás. La integridad implica la congruencia entre lo que creemos y cómo vivimos. Es la aplicación del Salmo 24:3-4, cuando hablamos de manos limpias y corazón puro. Al seguir a Jesús, nos alineamos con la voluntad de Dios y buscamos su gloria en todo lo que hacemos. Esto nos ayuda a evitar la hipocresía y a vivir en autenticidad, lo que fortalece nuestras relaciones con los demás. Nuestra vida íntegra y coherente se convierte en un testimonio vivo del poder transformador de Jesús.
  6. Seguir a Jesús como el camino, la verdad y la vida nos da esperanza en medio de las dificultades. La vida está llena de desafíos y pruebas, pero Jesús promete estar con nosotros en todo momento. Su presencia y su amor nos sostienen y nos fortalecen cuando enfrentamos situaciones difíciles. La integridad nos permite mantenernos fieles a Dios incluso en medio de la adversidad, confiando en su plan y en su promesa de llevarnos a un futuro lleno de esperanza.
  7. Seguir a Jesús nos motiva a buscar la excelencia en todas nuestras actividades. La integridad no se conforma con la mediocridad, sino que busca la excelencia en todo lo que hacemos. Jesús nos llama a dar lo mejor de nosotros mismos, a ser diligentes y a honrar a Dios en todas nuestras tareas. Vivir una vida de integridad implica ser responsables y comprometidos en nuestro trabajo, estudios, relaciones y servicio a los demás.

En conclusión, seguir a Jesús como el camino, la verdad y la vida, nos lleva a experimentar una vida de integridad que se manifiesta en nuestra moralidad, en vivir en la verdad, en una existencia plena, en decisiones coherentes, en armonía con nosotros mismos y con los demás, en esperanza en las dificultades, en buscar la excelencia y en vivir en comunión con Dios. Seguir a Jesús no nos garantiza perfección, no implica vivir una vida sin retos ni dificultades. Seguir a Jesús nos capacita para vivir una vida de integridad que, en medio de nuestras fallas y nuestras dificultades, refleja su amor y su gracia hacia nosotros y hacia los demás.

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