
¡Palabras, palabras, palabras! Hablamos todo el día, muchas veces no tenemos un respiro para estar en silencio y escuchar lo que sucede a nuestro alrededor. Otras veces estamos tan ocupados hablando que ni siquiera cuando tenemos nuestro tiempo devocional estamos en silencio delante de Dios.
Explicamos, respondemos, opinamos, corregimos, damos instrucciones, contamos lo que nos pasó… y muchas veces mientras la otra persona todavía está hablando, ¡ya estamos pensando en lo que vamos a responder! No escuchamos con atención porque queremos que nos escuchen, nos parece más importante lo que tenemos que decir o simplemente queremos terminar pronto la conversación.
En el libro de Santiago, el autor nos invita a hacer algo diferente: estar listos para escuchar y no apresurarnos para hablar. Parece sencillo, pero sabemos que no siempre lo es. Escuchar de verdad requiere hacer una pausa, dejar por un momento lo que estamos pensando y prestar atención a la persona que tenemos delante.
Y es que escuchar es mucho más que guardar silencio mientras el otro habla. Cuando escuchamos de verdad, le estamos diciendo a la otra persona: “Eres importante para mí. Quiero saber lo que piensas, lo que sientes y lo que tienes para decirme”. Por eso, escuchar también es una manera de amar.
Y el mostrar amor cuando escuchamos al otro puede implicar que dejemos el celular a un lado para estar atentos a los que nuestros hijos nos están compartiendo, también el mirar a los ojos a nuestra pareja mientras nos cuenta cómo estuvo su día o el escuchar a un amigo sin interrumpirlo y darle espacio a alguien para expresar lo que siente sin apresurarnos a darle una solución.
En una familia, sentirse escuchado puede hacer una gran diferencia. Nuestros hijos necesitan saber que pueden acercarse a nosotros y que serán escuchados, aun cuando no pensemos igual que ellos o cuando necesitemos corregir alguna actitud. Escuchar no significa estar de acuerdo en todo; significa valorar a la persona que tenemos delante.
Jesús nos mostró una y otra vez un amor que se acercaba a las personas, que veía sus necesidades y que se detenía para escucharlas. Como seguidores de Jesús, podemos aprender de Él y preguntarnos: ¿Estoy escuchando para comprender o simplemente estoy esperando mi turno para hablar?
Esta semana, esforcémonos por escuchar más e interrumpir menos. Dejemos que las personas a nuestro alrededor sepan, a través de nuestra atención, que son importantes para nosotros. Porque cuando escuchamos con amor, no solo escuchamos palabras; también cuidamos corazones.
Para reflexionar en familia
- ¿Qué tan buenos somos para escuchar sin interrumpir?
- ¿Hay alguien en nuestra familia que necesite que le prestemos un poco más de atención?
Oremos
Señor Jesús, enséñanos a escuchar como Tú escuchas. Ayúdanos a no apresurarnos para hablar, responder o juzgar. Danos un corazón atento para reconocer las necesidades de quienes están a nuestro alrededor y entender que escuchar también es una manera de amar. Que nuestras palabras, pero también nuestros silencios y nuestra atención, puedan hacer sentir a otros que son importantes y valiosos. Oramos en el nombre de Jesús, amén.
Rodrigo & María Helena Yepes
Spiritual Care Coordinator

