Hace un tiempo, un niño dejó caer su lonchera en el colegio; mientras los demás seguían caminando, otro niño se detuvo, lo ayudó a recoger sus cosas y se quedó a su lado hasta que estuvo bien. No dio un discurso sobre el amor; simplemente lo demostró de una manera significativa para su compañero.

Jesús dijo que las personas reconocerían a sus discípulos por la manera en que mostraran Su amor. Esto significa que nuestro amor debe ir más allá de las palabras o las declaraciones. El amor de Jesús debe hacerse visible en la manera en que tratamos a los demás.

Podemos decir que seguimos a Cristo porque asistimos a la iglesia, memorizamos versículos y hablamos de nuestra fe con quienes nos rodean. Pero lo realmente importante es preguntarnos: ¿Qué ven las personas en nuestra vida diaria? ¿Ven paciencia cuando alguien se equivoca? ¿Ven perdón cuando hemos sido ofendidos? ¿Ven disposición para servir cuando nadie nos está observando? ¿Ven palabras que edifican en lugar de palabras que hieren?

El amor deja huella. Probablemente todos recordamos a alguien que, en algún momento de nuestra vida, nos hizo sentir importantes, escuchados y amados. Tal vez no recordamos exactamente sus palabras, pero sí la manera en que nos hizo sentir. De la misma forma, nuestros hijos no solo recordarán las instrucciones que les dimos, sino también cómo los tratamos en las situaciones cotidianas. La manera en que respondemos se convierte, muchas veces, en un ejemplo que ellos llevarán a sus relaciones con compañeros, profesores, amigos y familiares. No podemos olvidar que el amor se siembra y, con el tiempo, también se cosecha.

Amar como Jesús no significa permitirlo todo ni evitar toda frustración. Él amó con verdad, compasión y gracia. Por eso, en nuestros hogares podemos establecer límites sin dejar de amar, corregir sin avergonzar, escuchar sin apresurarnos a juzgar y enseñar a nuestros hijos a considerar también las necesidades de los demás. Así, poco a poco, sembramos en ellos un amor que no solo los transforma, sino que también puede dejar una huella de Jesús en la vida de quienes los rodean.

Cada acto de amor comunica que somos discípulos de Jesús, cuando servimos, perdonamos, ayudamos, incluimos y tratamos a otros con dignidad, mostramos que pertenecemos a Él. Estas acciones se convierten en una evidencia visible de que Jesúsl está transformando nuestra vida.

Para reflexionar en familia

  • ¿Qué acciones de amor hemos visto esta semana en nuestro hogar?
  • ¿Cómo podemos demostrar el amor de Jesús a alguien que se siente solo, triste o rechazado?
  • ¿Qué huella está dejando nuestro amor en las personas que Dios ha puesto a nuestro alrededor?

Oremos:

Señor Jesús, gracias porque nos has amado y nos has mostrado cómo amar a los demás. Ayúdanos a que nuestro amor no se quede solamente en palabras, sino que pueda verse en nuestras acciones, en nuestras palabras y en la manera en que tratamos a cada persona. Enséñanos a amar con verdad, gracia, paciencia y compasión, para que quienes nos rodean puedan reconocer que somos tus discípulos. En el nombre de Jesús oramos, amén.

Rodrigo & María Helena Yepes

Spiritual Care Coordinator

 
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