A mediados del siglo XX, Sofía Müller, una joven estadounidense con talento artístico y formación en diseño y arte en Estados Unidos, tenía un futuro prometedor por delante. Sin embargo, al conocer a Jesús, entendió que su vida no le pertenecía solo a ella. Convencida del llamado de Dios, dejó atrás una carrera estable y una vida cómoda para viajar a Colombia, donde dedicó más de cincuenta años a discipular comunidades indígenas en la región de Guainía, confiando en Dios en medio de grandes sacrificios. Estando allí, aprendió su idioma, compartió el evangelio y formó discípulos que, hasta el día de hoy, siguen los pasos de Jesús y continúan transformando sus comunidades.

La historia de Sofía Müller es un ejemplo vivo de las palabras de Jesús:

“Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga.”

Jesús nos recuerda que seguirlo implica decisiones diarias: Elegir obedecerle por encima de nuestras propias ambiciones y no perder nuestra vida persiguiendo aquello que el mundo considera éxito. El dinero, la fama y el poder pueden parecer atractivos, pero no tienen valor eterno.

Como Él mismo lo dice:

“¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo?”

Vivir como discípulos de Jesús implica reconocer que nuestros valores no son los mismos que los del mundo. Mientras la sociedad nos impulsa a acumular, competir y buscar reconocimiento, Jesús nos llama a servir, a dar y a vivir con una perspectiva eterna. Por eso es importante preguntarnos como familias: ¿en qué estamos invirtiendo nuestro tiempo, nuestro esfuerzo y nuestros recursos? Aquello a lo que dedicamos más atención revela lo que verdaderamente ocupa nuestro corazón. Cuando elegimos enfocar nuestra vida en el Reino de Dios, aun en lo cotidiano, estamos enseñando a nuestros hijos que lo más valioso no es lo que se ve ni lo que se posee, sino una vida rendida a Cristo.

Como padres, este llamado comienza en casa. Nuestros hijos observan qué es lo que realmente ocupa el primer lugar en nuestra vida. Cuando nos ven servir a Jesús con alegría, priorizar el Reino de los cielos y vivir con propósito, ellos aprenden que seguir a Cristo vale más que cualquier logro material. Enseñarles a vivir para Jesús no es solo instruirlos con palabras, sino modelar una fe práctica y coherente.

Que el testimonio de Sofía Müller y las palabras de Jesús nos animen a evaluar nuestras prioridades como familia. Que podamos enseñar a nuestros hijos que la verdadera vida se encuentra cuando ponemos a Cristo en el centro y vivimos no para lo pasajero, sino para lo eterno.

Oremos:
Señor Jesús, ayúdanos como familias a vivir enfocados en Tu Reino. Danos un corazón dispuesto a seguirte cada día y a enseñar a nuestros hijos, con nuestro ejemplo, que nada de este mundo se compara con vivir para Ti.
Amén

Rodrigo & María Helena Cortés

Spiritual Care Coordinator

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