En la vida familiar hay momentos en los que todo parece estar bajo control… y otros en los que no sabemos cómo vamos a salir adelante. Hay semanas en que alcanza el dinero, los planes fluyen y todos están bien; pero también hay días de incertidumbre, enfermedad, preocupaciones o decisiones difíciles. En medio de esas realidades, este pasaje nos recuerda una verdad poderosa: los ojos del Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su gran amor.

Dios no es indiferente a lo que sucede en nuestro hogar. Él ve, conoce y cuida. No promete una vida sin dificultades, pero sí su presencia constante y su fidelidad para sostenernos, incluso en “épocas de hambre”, es decir, en tiempos de necesidad, escasez o debilidad. Él es fiel y nos dará la victoria para Su gloria.

Muchos conocen la historia del misionero George Müller, pero es bueno recordarla hoy. Él vivió en Inglaterra en el siglo XIX y fue conocido por cuidar a miles de huérfanos sin pedir dinero directamente, confiando únicamente en la oración que hacía a Su Padre Celestial. En una ocasión documentada, no había comida en el orfanato. Aun así, reunió a los niños en la mesa y dio gracias a Dios por el alimento, aunque no había nada que comer.

Minutos después, alguien tocó la puerta. Era un panadero que dijo que no había podido dormir porque sentía que debía hornear pan para los niños. Poco después, llegó un lechero cuyo carro se había dañado justo frente al orfanato; para no perder la leche, decidió donarla. Ese día, los niños tuvieron desayuno.

Esta historia no es una leyenda, sino parte de los registros bien conocidos de su ministerio y nos recuerda que Dios ve la necesidad y actúa en Su tiempo, muchas veces de maneras inesperadas. Como dice una canción… Dios no llega a tiempo, Él está presente en todo tiempo… ¡Sus ojos están sobre nosotros que le tememos y Él será fiel en responder!

Que como familia podamos tener siempre presente que cuando hay preocupación económica, de salud, relacional o cualquier otra; en lugar de llenarnos de ansiedad, podemos orar juntos y recordar: “Él es nuestro socorro y nuestro escudo”.

Así podremos enseñarles a través del ejemplo a nuestros hijos que cuando sientan miedo (por la escuela, amistades o cambios), pueden confiar en Dios.

Oremos
Señor, gracias porque tus ojos están sobre nosotros. Ayúdanos a confiar en tu amor, incluso cuando no entendemos lo que pasa. Sé nuestro socorro y nuestro escudo en cada situación. Enséñanos también a ser instrumentos de tu cuidado para otros. En el nombre de Jesús, amén.

Rodrigo & María Helena Cortés

Spiritual Care Coordinator

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