Jesús no comenzó enseñando a orar con palabras… comenzó con su ejemplo. Él oraba en diferentes lugares, en medio de su vida diaria. Sus discípulos lo veían. Observaban su dependencia del Padre, su constancia, su intimidad con Dios. No era algo oculto sino una realidad visible que impactaba a quienes caminaban con Él.
Fue precisamente ese ejemplo el que despertó en ellos el deseo de aprender. No dijeron: “Enséñanos a hacer milagros” o “enséñanos a predicar”, sino: “Señor, enséñanos a orar.” Primero vieron… luego pidieron.
Junto con esto vemos algo más: los discípulos sabían que los seguidores de Juan también habían aprendido a orar. Habían visto que otros lo hacían, y eso aumentó su anhelo: “así como Juan enseñó a sus discípulos…” Es decir, observaron, compararon y desearon crecer.
Esto sigue ocurriendo hoy. Nuestros hijos también observan. Ven lo que ocurre en nuestra familia y en las otras familias, escuchan lo que otros niños viven en su relación con Dios, y naturalmente surge en ellos el deseo de aprender lo mismo. Quieren que nosotros, sus padres, les enseñemos, que los guiemos, que les modelemos una vida espiritual real.
Por eso, como padres, no podemos enseñar aquello que no estamos viviendo. Nuestros hijos no solo escuchan lo que decimos, sino que observan cómo vivimos. Cuando les hablamos de oración, pero no nos ven orar, el mensaje pierde fuerza. Pero cuando ven una fe genuina, imperfecta pero real, algo se despierta en su corazón.
En cambio, cuando enseñamos sin modelar, puede generarse confusión, frustración, rechazo e incluso rebelión. La incoherencia puede llevarlos a cuestionar no solo a sus padres, sino también a Dios. Por eso, el ejemplo no es opcional: es esencial.
Jesús modeló primero. Luego, enseñó. Y ese es el llamado para nosotros hoy.
Como padres…
- Permitamos que nuestros hijos nos vean orar en lo cotidiano, no solo en momentos formales.
- Oremos en medio de las decisiones, las preocupaciones y también en la gratitud.
- Seamos honestos en nuestra relación con Dios, mostrando dependencia y confianza.
- Recordemos que el deseo de nuestros hijos por Dios muchas veces nace al ver nuestra propia búsqueda.
Quizás hoy, más que enseñar nuevas palabras, Dios nos está invitando a vivir una fe visible. Una fe que nuestros hijos puedan ver, sentir y desear.
Oremos:
Señor, ayúdanos a ser ejemplo antes que maestros. Que nuestra vida refleje una relación real contigo. Despierta en nuestros hijos el deseo de buscarte al vernos caminar contigo y al aprender lo que significa una vida rendida a Ti. Enséñanos a orar, y a vivir de tal manera que otros también anhelen aprender. En el nombre de Jesús, amén.
Rodrigo & María Helena Cortés
Spiritual Care Coordinator