Del “Yo” al “Nosotros”: Amando Según el Estándar de Jesús

Vivimos en una sociedad que constantemente nos invita a ponernos en el centro. La idea de “amarse a uno mismo” se ha convertido en una de las principales consignas de nuestra época y estamos viviendo en una cultura centrada en el yo, en la que los deseos personales generalmente tienen la última palabra.

Incluso, con la mejor intención, algunos padres terminan colocando a sus hijos en el centro absoluto del hogar: todo gira alrededor de ellos, se les evita cualquier frustración y se les concede cada deseo; sin darse cuenta, están formando niños que esperan ser atendidos en todo momento convirtiéndose en los pequeños “jefes” de la casa, convencidos de que el mundo debe acomodarse a sus necesidades.

Jesús, sin embargo, nos muestra un camino diferente. Él no vivió para ser servido, sino para servir; no puso sus propios intereses en el centro, sino que entregó su vida por amor a los demás.

La Ley de Moisés ya enseñaba al pueblo de Israel un principio fundamental: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” Levítico 19:18. Amar al otro como nos gustaría ser tratados era un llamado profundo y desafiante.

Pero en Juan 13:34, Jesús lleva este mandamiento a una nueva dimensión. Esta vez Él no dice: “Amen a su prójimo como a sí mismos… Él dice:

Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros…

El punto de referencia ya no somos nosotros mismos. El punto de referencia es Él, el modelo es Jesús.

Y esto cambia la manera en que entendemos el amor. Porque podemos amar a otros según nuestros propios criterios pero Jesús nos pide ir más allá, Él quiere que amemos a los demás como Él lo ha hecho. Él nos dejó el modelo a seguir:

Jesús amó sirviendo, perdonando, escuchando, amó acercándose a quienes otros rechazaban, amó aún cuando sabía que sería traicionado y finalmente, amó entregando su propia vida.

Por eso, amar “como Jesús” no significa simplemente sentir cariño por los demás. Significa elegir buscar el bien para esas personas, incluso cuando creemos que no lo merecen.

En nuestras familias, esto puede verse en decisiones muy sencillas: escuchar antes de responder, pedir perdón aunque nos cueste, enseñar a nuestros hijos a considerar las necesidades de otros, permitirles enfrentar pequeñas frustraciones, extender gracia ante un error, servir sin esperar reconocimiento o escoger palabras que edifiquen cuando sería más fácil reaccionar con enojo.

Por eso la pregunta de hoy no es ¿Cómo me gustaría que me amara esta persona para tratarla igual? Sino ¿Cómo amaría Jesús a esta persona en esta situación? Este es el estándar al que Él nos llama.

Para reflexionar:
¿Hay alguna relación en mi vida en la que necesito dejar de medir mi amor por lo que recibo y comenzar a medirlo por la manera en que Jesús me ha amado?

Oremos:
Señor Jesús, gracias porque no solo nos enseñaste qué es el amor, sino que nos lo mostraste con tu propia vida. Ayúdanos a amar como tú amas, enséñanos a no vivir centrados únicamente en nosotros mismos y danos la sabiduría para que nuestro hogar sea un lugar donde nos servimos mutuamente, consideramos a los demás y buscamos su bien. Que nuestras familias y nuestra comunidad puedan experimentar tu amor a través de nosotros. En el nombre de Jesús, amén.

Rodrigo & María Helena Yepes

Spiritual Care Coordinator

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