¿Por qué estás asustado? ¿De dónde viene tu temor por las circunstancias actuales? Como seres humanos es normal que nos ataque la duda pero no podemos permitir que nos domine. No podemos olvidarnos de Jesús, Él murió para darnos vida y vida en abundancia (), no una vida para ser esclavos de los temores. La mayoría de los cristianos creemos abiertamente en Cristo y declaramos Su Nombre alegres por las victorias. Pero cuando nos enfrentamos con las situaciones difíciles sentimos que no podemos más, sentimos que se nos acaba la vida.

En la antigüedad las personas confiaban en seres celestiales, en personas con poderes especiales. Las personas escuchaban la voz de Dios a través de los profetas, los sacerdotes propiciaban la purificación de los pecados y los reyes gobernaban las naciones. En esos tiempos todos esperaban el mesías y muy pocos eran consientes que Jesús ya reinaba en gloria desde antes de la creación. Luego llegó Jesús, siendo Dios se hizo humano, totalmente humano y totalmente divino. Como profeta, por medio de Él nos ha hablado Dios. Como sacerdote, en la cruz llevó a cabo la purificación de nuestros pecados. Y como rey, “se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas”. Hoy podemos comprobar Su gloria desde antes de la creación del mundo, durante su caminar por la tierra y después de su ascensión al cielo. Todo esto lo encontramos en Hebreos 1:1-4:

¿Por qué es importante saber esto? Porque debemos recordar que Jesús, siendo totalmente humano y totalmente divino, es nuestro profeta, sacerdote y rey. En Jesús tenemos todo “es el resplandor de la gloria de Dios”, siempre ha sido así y siempre será así. Esto nos da la garantía de que con Él vamos a estar bien, no debemos amoldarnos al mundo actual, sino que debemos ser “transformados mediante la renovación de su mente”. De este modo podremos “comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2). Nuestra tarea es amar a Dios y a los que amamos a Dios, todo nos ayuda para bien:

Romanos 8:28  Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.

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