Los tiempos que estamos viviendo nos han traído retos particulares y difíciles de enfrentar. Los últimos meses han sido difíciles para la mayoría de las personas. Se ha visto en riesgo toda la humanidad. De un día para otro nuestra vida cambió y lo que solíamos hacer ya no es posible, o al menos no de la misma manera que antes. Nuestras rutinas de familia cambiaron, nuestros pasatiempos variaron y nuestro servicio ministerial se transformó. Aún entre tantos cambios, Dios nos sigue amando y preocupándose por nosotros. Su infinito amor sigue estando con nosotros y aún nos podemos sentir abrazados por sus lazos de amor. Esto nunca va a cambiar, de hecho, cada día nuestro Señor nos ama más.

En medio de las dificultades propias de la pandemia que vivimos, nos hacemos más sensibles a este amor. Valoramos más lo que tenemos y disfrutamos más las cosas sencillas. Las tardes de juegos en familia han vuelto a revivir, los domingos de preparar una torta se han vuelto la nueva tradición familiar. En general las personas han tenido más tiempo de tener tiempos de calidad con Dios y sus familias. En la actualidad, las familias estamos teniendo una gran oportunidad para retomar los altares familiares y enseñar a nuestros hijos la tradición de compartir tiempo a diario alrededor de la Palabra de Dios. Ahora somos más responsables del crecimiento espiritual de nuestra familia y dependemos menos de la ayuda de la iglesia a través de la programación semanal.

En Romanos 14:12 encontramos que “cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de sí a Dios”. Aún en estos tiempos de limitaciones seguimos siendo responsables de lo que Dios nos ha encomendado y es a Él a quien deberemos rendir cuentas. Dios nos ha asignado una responsabilidad con nosotros mismos, con nuestra comunidad y con el planeta en general. No podemos conformarnos con nosotros estar bien delante de Dios porque Él espera que nosotros sigamos sirviendo en nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país. Dios espera que nosotros, como pueblo suyo, aprovechemos estos tiempos de dificultad para fortalecernos en la fe y apropiarnos de nuestro rol de embajadores para lograr que los demás se reconcilien con el Señor (2 Corintios 5:20).

Aprovecha estos tiempos para acercarte a Dios de manera íntima y personal. Fortalece tu relación con Él y guía a tu familia para que todos juntos construyan nuevos hábitos, nuevas tradiciones familiares y nuevas disciplinas espirituales. Ayuda a los demás para que logren dar ese paso que nunca se han decidido a dar y se acerquen ellos también a Dios. No dejes pasar esta oportunidad, muchos están esperando a que tu llegues con el mensaje de salvación que tú mismo has recibido y experimentado. Este es el momento de fortalecer la fe en familia y de ayudar a otros a que lo logren también. Es el momento de asumir tu responsabilidad delegada por Jesús (Mateo 28:19-20) y de ir a expandir el reino de Dios.

1

One comment

  1. Natalia gaviria

    Excelente reflexión para compartir en familia

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *