Versión recomendada en este devocional: NVI

El día de hoy nos concentraremos en un pasaje de la Biblia poco explorado, un libro que algunos no saben que existe y la mayoría de los que saben que existe, tienen dificultad para encontrarlo. Estamos hablando de uno de los profetas menores, llamados así, no por su importancia sino por el tamaño de los libros que escribieron. El propósito de este profeta en particular, era mostrar lo mucho que Dios ama a su pueblo a pesar de ser un pueblo pecador. Estamos hablando del profeta Oseas.

El capítulo 11 habla de ese amor de Dios por Israel desde siempre y cómo entre más Dios ama a su pueblo, su pueblo más se aleja de Él recurriendo a la idolatría. Dios nos llama con dulces lazos de amor y nosotros más nos alejamos. Pero, al final de este capítulo, nos llega una esperanza, una hermosa promesa de Dios: cuando estemos en esos lugares a los que hemos corrido alejándonos de Dios, Él nos llamará, nosotros regresaremos y Él nos establecerá nuevamente en casa. El libro completo del profeta Oseas está dirigido al pueblo de Israel

En el versículo 1, Dios afirma claramente su amor y protección por nosotros: “Desde que Israel era niño, yo lo amé; de Egipto llamé a mi hijo”. En contraste, el versículo 2 muestra nuestra respuesta: “Pero cuanto más lo llamaba, más se alejaba de mí.
Ofrecía sacrificios a sus falsos dioses y quemaba incienso a las imágenes”. Igual sucede en el siguiente versículo, Dios nos enseña cuando más lo necesitamos y nos toma de la mano pero nosotros no queremos reconocer que es Él quien nos sana (V3). Aún así, el Señor nos trae “con cuerdas de ternura”, nos atrae “con lazos de amor” y nos promete que no volveremos a Egipto.

Muchas veces olvidamos este “hala y afloja”, decidimos alejarnos y buscar refugio en Egipto, en eso que un día nos esclavizó. Olvidamos que Dios ya nos liberó, pero decidimos volver a alejarnos. Ya Dios nos quitó “el yugo” y claramente lo dice en el versículo 5 “No volverán a Egipto”. Pero si no nos volvemos a Dios, tendremos otras situaciones y volveremos a caer, seremos destrozados y acabarán con nuestros planes. Nuevamente, Dios nos asegura que no nos abandonará, no nos destrozará como lo hizo con Sodoma, Gomorra, Admá y Zeboyín. Gracias a Su corazón lleno de amor y misericordia por nosotros, no nos destruirá. Él está en medio de nosotros, Él es el Dios santo, nuestro Padre que nos ama y nos protege.

Oseas 11
10 El SEÑOR rugirá como león, y ellos lo seguirán.
Cuando el SEÑOR lance su rugido, sus hijos vendrán temblando de occidente.
11 «Vendrán desde Egipto, temblando como aves; vendrán desde Asiria, temblando como palomas, y yo los estableceré en sus casas
—afirma el SEÑOR—.

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